jueves, 21 de agosto de 2008

Abuela De La Plaza




Era la tarde de un domingo de otoño, caminaba sola y triste por las calles de una barrio desconocido todo era raro, pero yo simplemente caminaba, mientras pensaba en mi tragedia, aunque no era la gran cosa, para una chica de mi edad lo era: mi novio me habia cortado. Necesitaba estar sola y llorar, pero a la vez también acompañada para que me puedan escuchar y por sobre todo comprender. Tenia la necesidad de que fuera alguien desconocido, no se muy bien porque, será porque me habia cansado de ver y estar con la misma gente, en una rutina cansadora. Prefería que sea una mujer, porque quizás me entendería más.
Después de un largo andar, encontré una plaza; el viento era terrible, típico de la época, provocaba que la tierra llegara a los cielos, libre y placentera. Yo me quedé sorprendida al ver una nena, hamacándose sola muy lentamente, era raro, porque en la cuadra no habia nadie, estaba todo desolado. Pensé en acercarme, y lo hice con un paso casi inseguro, por miedo a que ella se asustara, el viento seguía y la tierra se levantaba mucho más, imposibilitándome la vista perfecta; de pronto, todo se calmó, como por efecto mágico, la tierra volvió a su lugar, pero la nena ya no estaba, habia desaparecido como el viento. No me explico porque no me asuste, y me senté en un banquito debajo de un árbol que me tapaba del sol, a penas logré caer de lo que me habia sucedido, comenzaron a caer mis lagrimas al recordar mi “tragedia”, de pronto, una mano tocó mi hombro, yo rápidamente y muy asustada me di vuelta, era una mujer con una sonrisa impactante, aparentaba unos 60 o 70 años con su cabeza blanca y las arrugas en su piel, nos quedamos mirándonos por mas de cinco minutos, yo tenia el presentimiento de conocerla de antes, ella con su risa cómplice, se sentó a mi lado, yo inmóvil no podía dejar de admirarla porque le encontraba un gran parecido con mi padre y conmigo.
Me habló y me preguntó porque lloraba, y antes que yo lograse salir del shock y poder responderle, dijo: -Seguro que es por un chico.- Yo me quede sorprendida mirándola y casi inconscientemente asenté la cabeza afirmando. Le pregunte su nombre, pero no contestó y comenzó a hablar de su vida. Ella también habia pasado lo que yo pasaba en ese momento, pero hacía mucho tiempo. Le pregunte donde vivía y tampoco contestó. Le dije que me tenia que ir, que se me hacia tarde y me dijo que me acompañaría, acepté así que comenzamos a caminar y caminar hasta llegar a mi casa, el camino se me habia echo mas corto al volver con ella. Al llegar a la puerta de mi casa, se me ocurrió invitarla a pasar y acepto mi invitación, al entrar mis padres se sorprenden al verla, pero yo no comprendí el porqué. Le serví algo para tomar y nos sentamos en el living con ellos a charlar, la conversación se hizo demasiado larga, pero a todo esto yo me habia olvidado de lo que me habia pasado. Ella nos contó sobre su vida, donde habia nacido, sus hijos, su esposo, en fin, todo; algo que me sorprendió mucho fue que mi madre la llamó por su nombre, sin siquiera haberle preguntado, -¿Hebe? ¿Quieres algo para comer? Esas fueron las palabras exactas de mi madre; yo la miré con los ojos tremendamente abiertos y ella cambió de tema y le pregunto a la anciana si le podía seguir contando sobre ella, porque estaba interesante. Le pregunté a mi mamá porque la habia llamado así o si la conocía de antes, pero ella solo evadió mis preguntas y me dijo que ya era tarde y que al otro día tenia colegio; lamentablemente era verdad, se habia echo tarde y tenia que ir a dormir, porque tenia que volver a mi rutina, pero yo insistí una vez más pero mi padre me repitió que debía ir a dormir, así que me fui para mi cuarto algo enojada y mis padres y Hebe, como la llamó mi madre, se quedaron hablando.
Cuando me levante a la mañana, pasé por el cuarto de mi hermana mayor, y vi durmiendo allí a Hebe, ya que está desocupado porque Clarita, mi hermana, estudiaba en Tucumán en ese tiempo. En ese momento se me volvió a cruzar por la cabeza la idea de que mis padres o por lo menos mi mamá la conocía de antes, y por eso su sorpresa al verla llegar conmigo; pero como ya se me hacia tarde para llegar al colegio, no pude preguntarles la razón de porque ella se habia quedado en casa. Ese día cuando volví del colegio, mis padres no estaban y ella tampoco, así que pensé que solo habia sido por una noche. Prendí la computadora y me entretuve leyendo unas cosas en Internet, pasaron un par de horas y volvieron los tres juntos, con un montón de bolsas. Les pregunté que eran y me contestaron que era ropa para Hebe, porque se quedaría por una semana en casa. En parte no me gusto la idea, porque sentía que me escondían algo, porque no podía ser que a una mujer que solo hacia 24hs que la conocían, la invitaran a pasar una semana en casa, pero por otro lado, me gustaba, porque seria bueno conocer a alguien mayor y aprender de sus experiencias.
Pasaron los dias, le pregunte a mi papa si ella podía dormir conmigo y muy feliz, aceptó así que llevo una cama mas a mi cuarto; todas las noches nos quedábamos hasta tarde charlando, contando anécdotas, historias, secretos, etc. Así se volvió de la familia, y también una amiga para mí. Iba a casi todos lados conmigo, y siempre me aconsejaba.
Llegó el fin de semana, y se cumplía la semana de que Hebe estaba en casa, así que papá decidió hacer un asado familiar invitando a toda la familia, en realidad, era una costumbre nuestra juntarnos todos los domingos, así que continuamos la “tradición”. De a poco la casa se fue llenando, fueron llegando tíos, primos, sobrinos; la mayoria cuando llegaban y veían a Hebe la miraban sorprendidos, como preguntándose de donde habia salido, pero se fueron acostumbrando, yo sin entender seguí como si nada ayudando a mi mamá con la comida. Entre risas y anécdotas el día fue pasando, de pronto Hebe se levantó y se fue para el cuarto, yo en ese momento pensé que quizás iría a buscar algo o a descansar; pero pasó mucho tiempo y decidí ir a ver que le pasaba, al entrar al cuarto vi que ordenaba sus cosas y hacia su bolso para marcharse. Le propuse que se quedara un tiempo mas, y me dijo que no podía, le pregunte el porqué y me dijo que cuando ella se marchara yo me iba a enterar el porqué; insistí y le dije nuevamente que se quedara pero esta vez ni siquiera contestó y siguió haciendo sus bolsos. Desesperada salí a buscar a mis papás, pero ellos me dijeron que se tenía que marchar, que no era porque ellos querían, sino que era algo así como una promesa, que cuando ella se marchara ellos me explicarían. La familia ya se habia marchado, estábamos solo los cuatro en casa.
En un primer momento estuve totalmente en desacuerdo que ella se tenía que marchar, y decidí no acompañarla hasta el lugar donde nos habíamos encontrado. Pero cuando la vi partir sola, con sus bolsos, pensé que quizás nunca la volvería a ver y luego me arrepentiría de no haberla despedido. Les dije a mis padres que la acompañáramos hasta esa plaza donde nos habíamos conocido y ellos aceptaron, así que emprendimos el camino, mis padres adelante y Hebe y yo, atrás hablando como siempre y pidiéndole los últimos consejos. Cuando llegamos a la plaza, mi madre gritó fuerte: -Mira! Señalando una palmera no tan alta en una de las esquinas. Se dio vuelta y miro con una mirada totalmente cómplice a Hebe. Mis papas se quedaron sentados en un banquito mientras yo me despedía de ella, entre llantos y abrazos. Se sentó en el banquito donde nos conocimos, como si esperara a alguien, mis padres se despidieron y me dijeron que volviéramos a casa, porque estaba frio, pero yo quería esperar a que la vayan a buscar a Hebe; pero ellos insistían con que teníamos que volver a casa, así que decidí hacerles caso. Nos dimos vuelta, y cuando estábamos llegando a la otra cuadra, me di vuelta para mirarla por última vez, pero habia desaparecido, como la nena que se hamacaba sola, el día que nos conocimos.
Cuando me acordé, les pregunte a mis papás, cual era la razón por la que ella no podía quedarse. Mi madre, entre llantos y risas, me contesto que Hebe solo habia venido por una semana porque ella habia pedido un deseo, que era que yo conozca a mi abuela paterna, porque habia fallecido cuando yo todavía era una bebé de meses, y ella siempre habia soñado con conocer a sus nietos. Yo me quede inmóvil y sorprendida, mientras que en el rostro de mi papá se deslizaban unas lagrimas y con una voz quebrada, decía: -Nunca pensé que el deseo de tu madre se iba a cumplir, pero lo comprobamos cuando vimos esa palmera en la esquina de la plaza, porque esa era una señal, de que el deseo habia sido cumplido.- A mi me cayeron unas lagrimas, porque siempre habia querido conocer a mi abuela, por las historias que me contaban mis primos mayores y por sobre todo, Clara, mi hermana mayor. Me gusto mucho haber conocido a mi abuela, así sea por lo menos unos dias tenerla conmigo.
“…Esa experiencia, fue la mejor de mi vida, y porque se la valore mucho y pude aprender muchas cosas de mi abuela, aunque me hubiera gustado tenerla mas tiempo conmigo, la semana que estuvimos juntas, fue la mejor de mi vida, y se que nunca la voy a olvidar!...” Eso fue lo que escribí en mi diario íntimo, una historia más para contarle a mis hijos.






“Las huellas no son solo lo que queda cuando algo ha desaparecido, sino que también pueden ser las marcas de un proyecto, de algo que va a revelarse.” John Berger

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